jueves, 29 de enero de 2015

Palabra del Señor.

Benedicto XVI en su "Verbum Domini" exhorta a la Cristiandad al protagonismo que en nuestras vidas ha de tener la Palabra de Dios, como palabra salvadora que nos libera del pecado.

 La Palabra según San Juan es emitida por el Padre a través de los tiempos. Ésta se hace carne en el Hijo y en los hombres para la expresión del contenido de Dios. Esta es la buena noticia que nos ha de llenar de alegria y de vida abundante.

El mensaje del Padre se manifiesta en una Nueva y Eterna Alianza a través del Hijo como la expresión de la Palabra de Dios a través de la comunión, cuerpo de Cristo, que es la Sagrada Escritura. Estos sagradas escrituras han sido inspiradas por el Espíritu Santo para el equilibrio del alma.

Si queremos responder a las últimas preguntas que nos hacemos los seres humanos (¿Qué idea tenemos de Dios? ¿Dios existe? ¿Cuál debe ser nuestra religión y para qué? ¿Dónde encontrar a Dios en un mundo dominado en muchas ocasiones por el problema del mal?), la respuesta parece encontrarse en las Sagradas Escrituras, que en el caso del Cristianismo, tiene en la BIBLIA su máxima expresión. La Palabra de Dios, de esta forma, es la facultad que a todos ha sido otorgada (me refiero al lenguaje, a la emisión y a la recepción de las palabras) para expresar su contenido, el cual todos podemos intuir y valorar.

Es un ejercicio de comunicación constante con Dios, con el firmamento y con la creación. ¿Dónde podemos dialogar y reflexionar sobre éstas, nuestras raíces, para recoger los frutos de una vida completa y abundante con nosotros mismos y con el prójimo? La Sagrada Escritura es diálogo con Dios y reflexión sobre todas las cosas.

El método se ha dado en llamar LECTIO DIVINA. Tras la lectura compresiva, la meditación, A ésta, le sigue la oración. Después, salir al mundo a comtemplarlo. Y tras disfrutar de su grandeza (la de un árbol, un ser vivo, el oxígeno, la arquitectura, la naturaleza, el arte, etc.) adquirir un compromiso de vida con el prójimo a través, sobre todo, del trabajo y el estudio. Y lo más importante, de adquirir un compromiso de fidelidad a la naturaleza y al prójimo que potencia nuestra tendencia a la Idea y a las ideas para alcanzar la salvación eterna, hacia la que el curso de la Historia se dirige a través de la Providencia. 

Por todo lo anterior, defiendo en este post, la necesidad de la Palabra divina para la salvación del alma. Abogo por metodos jungianos de curación de las almas, por el poder sanador de la Palabra de Dios, para enfrentarnos al problema del mal, en el que el hombre está inmerso por el pecado original y por el fraticidio de Cain y Abel. En definitiva, la impureza de las almas y de los cuerpos, y la envidia de unos hermanos sobre los otros, han de ser corregidas por la acción y contemplacion de la Palabra divina.

Para finalizar, una cita de San Pablo, Apóstol de la  Palabra:
"El amor es compresivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume, ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, espera sin limites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca." 


  
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