La sociedad, la loba.
Ante el problema de la naturaleza humana, es decir, de responder a qué tiende el hombre en su comportamiento individual y social, caben dos posturas.
La primera, la que impera en el mundo anglosajón hasta el s. XVII, de Thomas Hobbes. De acuerdo con el Barroco, y en las islas, defiende la postura que justifica la monarquia absoluta. El hombre es un lobo para el hombre, su estado de naturaleza es de una guerra de todos contra todos, y, a causa de ello, el monarca debe ser absoluto. Debe imponer el orden ante una naturaleza incontrolable. Por ello, queda justificada la concentración de los poderes en su persona y además, su legitimidad procede de Dios. Es rey absoluto por consentimiento de Dios. Esta postura ante la naturaleza humana es pesimista.
La segunda, la que impera en el continente europeo en el S. XVIII, la Ilustración, el Siglo de las Luces, de Jean-Jacques Rousseau. De acuerdo con ella, el hombre es bueno por naturaleza, y es la sociedad la que lo corrompe. El hombre es efectivamente malo, pero tiene remedio, en el sentido de que la transformación de la sociedad puede hacer surgir en él su bondad natural. Autor de "El contrato social", defenderá el estado de naturaleza lockeano, en el que la apología de los derechos naturales del hombre inspirará la necesidad de un acuerdo social entre los mismos. En la Revolución francesa, la Declaración de Derechos de Hombre y del Ciudadano, representará esta idea que sedimentará en el siglo siguiente en el constitucionalismo, la necesidad de una Constitución que vele por el respeto de los derechos y libertades de los ciudadanos.
La primera postura, es la que defiende la derecha politica. Necesidad de mano dura para imponer el orden.
La segunda postura la defiende, en principio, la izquierda politica. Necesidad de transformación social, para evitar el desorden y hacer relucir asi la bondad natural del hombre.
Cada cual, según sus ideas y su experiencia vital, defiende una u otra postura. Lo que parece claro, es que una síntesis de ambas lleva a una conclusión: Que la loba es la sociedad, y no la naturaleza humana, que se caracteriza por su bondad intrínseca. ¿Qué hace a los hombres malos? Por experiencia propia, deducimoa que los seres humanos son naturalmente buenos, sólo hay que tratarlos bien, con educación, respetando sus derechos, abriendo amigablemente una conversación, respondiéndola, con civilización. Al parecer, los primeros seres humanos cazadores-recolectores vivian en absoluta igualdad y en comunidad. Fue con la llegada del Neolítico cuando se asentaron y se dedicaron a la agricultura y a la ganaderia. Y del excedente de su almacén de sus productos agrícolas y ganaderos, surgieron la diferencias y las disputas. A partir de ahi en la Historia se han ejecutado varios modos de dominación. Primero, el esclavista, por la fuerza física. Luego, el feudal, por vasallaje. El burgués, por el contrato de trabajo. Y, ¿el obrero?, por la igualdad en el trabajo y en el pago de impuestos. Todos trabajando y pagando impuestos. En la actualidad, los impuestos los pagan los de abajo.
Decir que el máximo beneficio es el beneficio más impuestos. Los impuestos nutren a las pymes de crédito y a la actividad productiva de transferencias que incentivan el consumo y la producción. Todo ello en aras de un beneficio no mayor, porque siempre hay que pagar el impuesto, pero sí, presumiblemente, mucho más duradero. Por otra parte, esta forma de retroalimentar los presupuestos públicos, es mucho más, limpia, efectiva y segura que el continuo aumento de la deuda, que es insostenible, pues el pago de intereses es cada vez mayor.
Por último, desear con Jesucristo que los últimos sean los primeros. Entiéndase no cazadores, pero si libres, iguales y fraternales. El Bien es y existe, el mal sólo existe. La conciencia no deja al mal devenir Bien..


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