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Teresa de Calcuta y el Paraíso.
La vida es la culminación del programa de Dios en Jesucristo, el código genético J.X. Todas las demás criaturas de Dios participan de El en mayor o menor grado, dadas otras fuerzas del Universo como el Demonio, que es el desequilibrio del Espiritu Santo.
La corrupción máxima del programa divino es el azar. ¿Quién nos garantiza que el planeta no sea destruido por un meteorito de un día a otro?. Sin embargo, hace muchos millones de años que el Sol sale todos los días por Oriente y cae por Occidente, anunciando la llegada del sueño de la noche y con ella de la Luna.
Santa Teresa, muy moderna, defiende el juego, ciertamente. Pero, intuyo, que hasta el equilibrio, es decir, pagando el correspondiente impuesto, que es la vida de la Economía y de la organización social. Hay que recordar un dato, La India y Rusia son los países orientales que no tienen ni un sólo paraíso fiscal próximo. China tiene sólo dos. Oriente, por tanto, carece del paraíso fiscal, lo que ha garantizado su salud económica en la crisis mundial, intuyo. La excepción ha sido Brasil.
Intuyo que los impuestos, no sólo a los trabajadores sino a los inversores, son el Espiritu Santo, equilibrio de la Economía que garantiza el beneficio duradero y la vida, si no eterna, por lo menos, lo más próxima a Dios, eterno.
La corrupción máxima del programa divino es el azar. ¿Quién nos garantiza que el planeta no sea destruido por un meteorito de un día a otro?. Sin embargo, hace muchos millones de años que el Sol sale todos los días por Oriente y cae por Occidente, anunciando la llegada del sueño de la noche y con ella de la Luna.
Santa Teresa, muy moderna, defiende el juego, ciertamente. Pero, intuyo, que hasta el equilibrio, es decir, pagando el correspondiente impuesto, que es la vida de la Economía y de la organización social. Hay que recordar un dato, La India y Rusia son los países orientales que no tienen ni un sólo paraíso fiscal próximo. China tiene sólo dos. Oriente, por tanto, carece del paraíso fiscal, lo que ha garantizado su salud económica en la crisis mundial, intuyo. La excepción ha sido Brasil.
Intuyo que los impuestos, no sólo a los trabajadores sino a los inversores, son el Espiritu Santo, equilibrio de la Economía que garantiza el beneficio duradero y la vida, si no eterna, por lo menos, lo más próxima a Dios, eterno.


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