sábado, 8 de noviembre de 2014

La verdadera revolución.



El sentido de la desobediencia de Thoreau es fiscal. Se trata de desobedecer no pagando impuestos. La contradicción es que el sueldo de los esclavos nutre de impuestos a la economía y la sostiene. Sueldos que activan el consumo, aumentan la producción y el paro baja. El problema es que el aumento de impuestos a la clase obrera desmotiva el trabajo. La transferencia hay que hacerla de las clases elevadas a los pobres. ¿Quién es el esclavo? Las clases elevadas son esclavas de su propio egoismo. Si pagaran impuestos, no solo resolverian todos los problemas, el principal de todos, la pobreza absoluta, sino que alcanzarían el valor principal de la Constitución de los EE.UU: la felicidad general. Siempre teniendo presente que la felicidad general es la felicidad propia de todos y la felicidad individual la general.

 Cuando hablamos de imposición fiscal a las clases elevadas, nos estamos refiriendo a pagar impuesstos por la inversión en acciones de las grandes empresas, es decir, en la Bolsa de valores. La prueba de esta evasión fiscal es la existencia de los paraísos fiscales y su fugaz prosperidad. Cada cinco años hay una crisis de diez porque el sistema financiero no nutre la actividad productiva y de esta manera se desequilibra. ¿Cómo se nutre la actividad productiva? A través del crédito de los bancos nacionales a las pequeñas y medianas empresas  y a través de transferencias en los presupuestos públicos mediante servicios sociales fundamentalmente.

 La verdadera revolución es LA IGUALDAD FISCAL.

SÍ A LA INVERSÍÓN, NO A LA EVASIÓN FISCAL.
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