martes, 12 de agosto de 2014

El cosmopolitismo.










El cosmopolitismo apareció en la Antigüedad de la mano de Alejandro, el Magno. Emperador de Macedonia, culminación de la cultura griega, que trató de expandir por todo el Mundo, conocido y desconocido. En su expansión se encontró en China con una religión, la budista, apenas con varios siglos de edad.

Las diferencias de las religiones cristiana y budista son conocidas: la principal, la existencia de un Dios Creador.

Ambos buscan, como dice la leyenda, el amor, el perdón y la compasión. El budismo, lo hace en un solo mundo y en la búsqueda de la felicidad y el nirvana en un sólo mundo posible. El cristianismo, lo hace en dos mundos, el sensible y el celestial o de las Ideas, y  además fundamenta el Universo en la existencia de un Dios Creador, buscando lo mismo: el amor, el perdón, el compadecimiento, en el Espíritu Santo de dos mundos posibles. Hay una realidad y una auténtica realidad, un acto y una potencia, una existencia y una esencia, unos límites y un Ser supremo. Dios se autolimita en el Espíritu Santo, que son sus límites, para alcanzar el Nirvana, es decir, la felicidad de este mundo como espejo de la auténtica realidad. El equilibrio ecológico es expresión de esta realidad en la Creación, Dios se autolimita en el Espíritu Santo para el equilibrio del Sistema, su reproducción, multiplicación y perfección de la Idea y de las Ideas en Él. Cabe preguntarse. ¿Qué es la colmena sin las abejas? La actividad productiva (la agricultura, el comercio, la industria y los servicios) debe ser considerada siempre como sagrada.

En última instancia, ante un hombre planetario frecuentemente desvalido, se impone la necesidad de la búsqueda de Dios, en el oligopolio de sus múltiples formas.

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